Llega el día en que el tren nos llevó hasta Irún. Ese día había nervios, ganas de que amaneciera y echar a andar.
Madrugar o no. Los primeros kilómetros apenas se ve nada, solo hace falta dejarlos atrás.
Conocemos la dinámica: soledad, cansancio, silencio, naturaleza, sed, luz. Se van apretando en el cerebro para vaciarlo convertidos en emoción.
Y es ese día cuando, al volver a abrir los ojos, empieza a cambiar el paisaje interior.
Cuando comienza una nueva normalidad.